lunes, 26 de abril de 2010

La historia más triste jamás contada

Esta es la historia de dos lechugas.
Se conocieron cuando todavía eran pequeñas semillas. Los dos formaban parte de no más de un centenar que se almacenaban en una sencilla bolsa con el nombre de la empresa productora de estas.

Las dos semillas comentaban ansiosas las ganas que tenían de formar parte de una exquisita ensalada, fresca, natural, con un buen aceite de oliva extravirgen del Bajo Aragón, tomates de la huerta de Zaragoza y unos fabulosos por no decir, cojunudos, esparragos de Navarra.

En la distribuidora expusieron a primera vista la pequeña bolsa y no tardo mucho tiempo hasta que un agricultor de la zona se las llevó a su casa.

Era la temporada y después de acondionar la tierra, nuestro agricultor plantó las semillas. Las cuidaba con mimo; tierra aireada, buena agua y abonos orgánicos (nada químico). Una le djo a la otra,"así estemos fresquísimas".

Al poco germinaron y los vegetales comenzaron a crecer. Qué magníficas vistas, se decián. La plantación estaba en lo alto del valle sobre una diminuta terraza. Eran días de un expléndido sol y gracias al efecto de la fotosíntesis las dos pronto tomaron un fuerte color verde.

Había pasado el tiempo suficiente y nuestras lechugas estaban ya prepradas para ser recogidas. Se miraban y se decian, "qué buena pinta tienes, estaremos estupendas para la ensalada, qué ganas, qué ganás...".

El agricultor recogió su cosecha y se la vendió a una cooperativa cercana, sin antes exclamar "por este precio dejo el campo, joder!. Allí las envasaron en films de plástico y a partir de aquí el camino de las dos lechugas se separó. Adios, se dijeron, que te vaya bonito.

Tras largos viajes en cámaras frigoríoficas y de pasar por distintos almacenes, transcurrió el tiempo, y ninguna de ellas divisaba el fin que tanto anelaban.

Con el tiempo y después de haber perdido gran parte de su anterior frecura, una de ellas fué a parar a una gran cadena de comida basura, acompañando a unas hamburgesas que decían ser 100% de no se qué vacuno y la otra, olvidada en un stand de una gran superficie, caducó y terminó en un gran cubo verde de basura.

Esta es la historia de dos lechugas, la historia más triste jamás contada, por lo menos para nuestras dos protagonistas.


viernes, 16 de abril de 2010

No siempre es posible

Blanco. Cocaine. So much I love. No more sacrifice. Blanco.
Correr, cerrar los ojos, distancia. Correr.

Simetrías. Espejo, bonita melena, tres, no! cuatro. Simetrías.

Ejercicio. Inténtalo. Ejercicio.

Básico, simple. Sencillo. Básico.

lunes, 12 de abril de 2010

Fue la última vez que hicimos el amor.

Había sido un día perfecto que solamente podía terminar de una manera.
Los dos desnudos, en la cama, unidos. Tú encima mia y yo maravillado por todas y cada una de las curvas interminables de tu cuerpo.

Acariciaba tus piernas mientras que tú te movías cadenciosa, lentamente, de aquella forma que a los dos nos volvía locos.

Gemías y te oía, te miraba y tú me mirabas y yo te miraba. Pero dejaste de mirarme, de gemir. Tus ojos se perdieron y tu cara dibujó una terrible mueca. Sentí que el abrazo de nuestros cuerpos se había convertido en insoportable dolor.

Grité tu nombre, una, dos, tres veces. Miré mis manos sobre tus piernas y parecían destrozarlas. Ensangrentadas podía ver mas allá de tu carne.

Gritaste y tu cuerpo comenzó a descomponerse al mismo tiempo que caía sobre el mio. Finalmente un gran charco de sangre caliente rodeaba mi cuerpo ya frío.



domingo, 11 de abril de 2010

Vuelvo el lunes, creo!

He decido viajar.

Me he asomado a la ventana y grandes burbujas rebolotean en el patio interior de mi casa.

Se acerca una que pone "Jamaica, estupendas posibilidades".

Salto... ,!ahora!

Nos vemos.

jueves, 18 de marzo de 2010

Sigo bloqueado, bueno...

Sigo mirando la pantalla. Levanto la mirada, no se qué partido va 2-2. Joder, dos tios feos con la misma americana. Ahora enfocan a la chica guapa, pero dura poco. Vuelta al cesped, a 22 tíos detrás de una pelota. Hay veces que me entretiene, cuando no, es lo mejor para quedarse roque.

Si, es cierto, se cierran un poco los ojos y me cuestas seguir el cursor mientras tecleo. La vista se me nubla, o eso creo. Me coloco las gafas y hago un esfuerzo por seguir escribiendo. No se me ocurre nada, pero tengo la necesidad de seguir, de no parar.

Ciertamente mi vida va en ello. No hace más de 10 minutos alguien ha irrumpido en mi casa, no tenía llaves, no ha forzado la puerta y como el que no quiere la cosa, ha sacado un pezado de pistolón de la hostia y me ha dicho: "si paras te mato".

Como de costumbre, bloqueado

Sentado en mi sofá, el portátil sobre las piernas y la televisión ahogada. Releo alguna vieja entrada, a la vez que consulto el tiempo que me costará llegar mañana a Sástago.

Esta es la forma de calentar motores. Pero esta vez va a ser que no.

sábado, 27 de febrero de 2010

El viento que no llegaba

Nos habíamos levantado tamprano. En los periódicos del bar de abajo anunciaban para esta tarde-noche la famosa "ciclogénesis explosiva", vientos huracanados debido a una profunda diferencia de presión atmosférica y todo a una velocidad de vértigo, casi sin darte cuenta.

Decidimos aprovechar la mañana y dar una vuelta por el Paseo Nuevo para cazar algunas buenas olas. Eran casi las 13.00 horas y no pudimos fotografiar ni una sola en condiciones, solo algo parecido a ráfagas de viento que peinaban la superficie del mar hacia todas direcciones.

Habíamos quedado a comer en un caserio. Hay que reconocer que estabamos un poco asustados. En los telediarios estaban confirmando las peores previsiones. Los fuertes vientos comenzarían a las 19:00 pero todo podía comenzar en cualquier momento. Desde una de las ventanas del restaurante, de vez en cuando, se podía ver como se levantaba un fuerte viento y un montón de hojas revolotear en círculos, pero nada serio.

Volvimos a casa y consultamos en varias páginas web cual era la situación.

No muy lejos de aquí anunciaban vientos de más de 200 km/h, era obvio que ya había empezado aunque por ahora no se notaba nada fuera de lo normal. Seguimos leyendo, diferentes ayuntamientos de la zona habían suspendido los servicios públicos de transportes, incluso habían decretado el cierre de todos los establecimientos comerciales a partir de las 19.30, recomendando a todos los vecinos no salir de sus casas después de las 20:00 horas.

No quedamos a cenar con unos amigos por precaución y decidimos pasar la noche en casa. Esperando ver algo, salimos al balcón y sacar unas fotos. Era ya noche cerrada, aunque la luna llena nos permitía ver con claridad lo que ocurría allí arriba. Las nubes "volaban" pero a ras de suelo la velocidad del viento era casi imperceptible

Durante unos minutos alternaban fuertes rachas viento con momentos de calma y silencio, he de reconocer que esto nos provocaba un poco de inquitud, si no miedo. Todo indicaba que aquel fenómeno explosivo comenzaría en cualquier momento.

Nos quedamos mirando las nubes durante un momento cuando de repente, se fue la luz de todas las farolas. Sobre el cielo de color azul obscuro desaparecieron las nubes casi blancas y se aproximaba algo parecido a otra nube, pero esta negra. Parecían pájaros, pero conforme se acercaba, nos dimos cuenta de que aquello no era lo que nos había parecido en un principio. No.

A unos 100 metros de nuestro balcón comenzarón a caer restos metálicos que al golpear con el suelo provocaban un fuerte estruendo. Rápidamente nos metimos en casa y desde la ventana se veía caer todo tipo de cosas, incluso personas o lo que quedaba de ellos. Ya estaba aquí.

Cerramos todo y nos metimos en el dormitorio pensando que podía ser el lugar más seguro. El ruido era insoportable y eramos conscientes de que poco podíamos hacer ya. Miré a mi chica y le dije: "quítate la ropa, hoy moriremos con las botas puestas". En aquel momento se hizo el silencio y no recuerdo más. Salimos despedidos junto con todo lo que nos rodeaba.